12 de Noviembre natalicio de Sor Juana

Evocación a Sor Juana en su cumpleaños

Sor Juana y Quevedo...todo se puede decir

Las palabras eran perlas con las que podría hacer collares, ladrillos con los que construiría castillos, lodo con el que fabricaría personas...

Sor Juana precursora de la nueva mujer I

La palabra de sor Juana se edifica frente a una prohibición…Su decir nos lleva a lo que no se puede decir...

Sor Juana precursora de la nueva mujer II

Curiosa irredenta, estudiosa del mundo que le tocó vivir, poeta, mujer misterio, fiel a su vocación

Mujeres inconvenientes, sin centavear

Su producción literaria se caracteriza por su sinceridad y fuerza, que alcanzan tonos desconocidos de sus contemporáneos

14 de abril de 2015

INAH REALIZA TRABAJOS DE CONSERVACIÓN EN OSAMENTA ATRIBUIDA A SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Martes, 14 de Abril de 2015 14:19

*** Tras su tratamiento, los restos de la escritora novohispana volverán a reposar en el Ex Templo de San Jerónimo
 
*** La ceremonia de conmemoración también servirá para rendir homenaje póstumo a los antropólogos físicos Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén, quienes identificaron la osamenta 


Luego de que especialistas del INAH consolidaran cerca de 200 huesos que se conservan de la osamenta atribuida a la Décima Musa, los restos de la escritora novohispana volverán a reposar en el Ex Templo de San Jerónimo, a partir del próximo viernes en el marco de su 320 aniversario luctuoso.

La ocasión también servirá para rendir un homenaje póstumo a los antropólogos físicos del INAH, Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén, quienes identificaron la osamenta de la Fénix de América.

Josefina Bautista, antropóloga física del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que la atención de los restos óseos estuvo apoyada por cuatro jóvenes colegas más y por la restauradora perito Luisa María Mainou, adscrita a la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural de esta institución.

Durante la conferencia de prensa, organizada por la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) para dar a conocer el programa conmemorativo por el 320 aniversario luctuoso de Sor Juana, Josefina Bautista recordó la trascendencia de los estudios de antropología física hechos por María Teresa Jaén y Arturo Romano Pacheco, pioneros en la especialidad que fallecieron el pasado 23 de enero y 16 de marzo, respectivamente.

Acerca del análisis llevado a cabo sobre los restos atribuidos a Sor Juana, la investigadora de la Dirección de Antropología Física del INAH destacó que Romano y Jaén hicieron una labor excepcional, además de que dejaron casi listo el catálogo completo de los entierros de monjas descubiertos en los años 70 en el Ex Convento de San Jerónimo, en el centro de la Ciudad de México, hoy sede de la UCSJ.

En 1978, ambos expertos registraron un entierro en el coro bajo de esta antigua iglesia, el número 26. Más tarde, los resultados de los análisis antropofísicos y otros elementos asociados como un medallón y un holgado rosario, como los que se observan en el retrato que hiciera Miguel Cabrera de Sor Juana, permitieron adjudicar el menudo esqueleto con el de la religiosa.

“Ellos, Arturo Romano y Teresa Jaén, además de la excavación de este entierro, se dieron a la tarea de limpiarlo, restaurarlo, analizarlo desde el punto de vista antropofísico y redactar el informe técnico académico que también se vio reflejado en un libro”.

“Sus conocimientos les permitieron, con base en los restos del cráneo del esqueleto atribuido a Sor Juana, hacer una aproximación facial a través de dibujos, que era la técnica en boga. Lograron un acercamiento muy preciso, porque los puntos métricos importantes para la aproximación los pudo conjuntar comparando el retrato de la poeta con el dibujo del cráneo”, explicó.

La reciente intervención de la osamenta que se halla casi completa (salvo algunos huesos faltantes de las manos, de los pies y un par de vértebras) implicó tres semanas, y consistió en una limpieza en seco, un proceso de remineralización y consolidación de las piezas óseas, y la reintegración de algunos fragmentos. Finalmente se propuso colocar el esqueleto sobre una base de acrílico en decúbito dorsal (sobre la espalda) con las extremidades extendidas.

Sobre un ataúd de caoba se colocará a su vez el extenso rosario con que se acompañó el cuerpo de Sor Juana, éste también descansará sobre una lámina de acrílico. Al respecto, la restauradora perito Luisa María Mainou destacó que 30 por ciento de las cuentas de semillas de palma con que fue elaborado tuvieron un grado de afectación por la putrefacción cadavérica.

“A todas las cuentas se les hizo un lavado y un proceso de consolidación, y aquellas a las que les faltaba una porción se les repuso el faltante y se aplicó reintegración para tener una lectura más homogénea”.

Detalló que 126 cuentas del rosario son originales y 54 se tuvieron que reproducir con base en cuatro moldes sacados de las piezas originales. En total, 280 cuentas que lograban una extensión de 2.80 metros y un peso de 276.50 gramos. Trece cuentas formaban una cruz, las 16 que son más grandes corresponden a los misterios y 150 al rezo de las aves marías.

“La cruz se armó de la forma original con que fue confeccionada. A través de análisis de microscopía electrónica de barrido y de MS (espectrometría de masas), se determinó que la cruz estaba armada con un hilo de plata y que las cuentas tenían capuchones también de plata. Todo el rosario se engarzó con hilo de seda”, explicó Luisa Mainou.

De esta manera, los restos mortales atribuidos a Sor Juana, una mujer que de acuerdo con los estudios fue de complexión menuda, una criolla de rasgos finos, de no más de 1.58 centímetros y que debió de morir entre los 38 y 48 años, reposarán tal y como la monja jerónima dispuso en su testamento.

“Primeramente, ofrezco mi ánima, cuerpo y vida a Dios Nuestro Señor, que la creyó y redimió con su preciosa sangre; y cuando su Divina Majestad fuere servido de llevarme, quiero ser sepultada en la parte y lugar que se acostumbra sepultar a las religiosas profesas, que lo han sido de este dicho convento”.
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Fuente: http://inah.gob.mx/boletin/16-antropologia/7586-inah-realiza-trabajos-de-conservacion-en-osamenta-atribuida-a-sor-juana-ines-de-la-cruz

PROGRAMA DE RADIO: Ella, la peor del mundo... Él Octavio Paz

3 de enero de 2015

Dr. José Antonio Cárdenas Marroquín: Un techo de cristal

Corina Yoris-Villasana: Hablando de silencios

Corina Yoris-Villasana El Nacional, Venezuela, GDA


En días pasados, unos colegas universitarios enviaron a la red de la universidad sendas reflexiones sobre la necesidad del silencio, en esta época ruidosa, bullanguera, estridente. Ese llamado al sosiego me sirvió de motivo para el artículo de hoy. 

Silencio, proveniente del latín silentium, es un concepto que nos remite a “ausencia de ruido”, pero también es un recurso “paraverbal”. En un intercambio de ideas, en una simple conversación, un silencio puede ser interpretado de diferentes maneras; desde ser una simple pausa, aconsejada por la correcta puntuación que en el habla se guarda con esos silencios, o puede obedecer a una dramática significación. 

Podríamos hablar del silencio interior, donde reine la quietud profunda; o del silencio de los cartujos, primordial en aras de lograr la contemplación. Encontramos el silencio que nos acerca a pensar en el sentido profundo de la vida, como bien expresara Ratzinger en su momento. Podemos quedarnos en silencio por estupor al presenciar hechos que han atentado contra la humanidad, como es la visión de un campo de concentración. Ese silencio es también un grito desgarrador.

Topamos también con el silencio impuesto como castigo, o el silencio producto del temor a la sanción, a la represalia. Está el extraordinario silencio musical, “signo que representa gráficamente la duración de una determinada pausa en una pieza musical”. 

En este brevísimo recorrido por “los silencios”, emerge uno que abofetea a quienes participaron (y participan) de él: el silencio de la mujer; la condena de su libre expresión; la negación de su incursión en el mundo de la cultura, de la narrativa, de la filosofía. ¿Cómo han escapado (hemos escapado) las mujeres de ese silencio opresor? ¡Nada más y nada menos que usando “el lenguaje opresor”! Expresarnos como quieren y norman los artífices de esa opresión. La mujer fue considerada “musa”, pero no poeta. La “décima musa”, sor Juana Inés de la Cruz, es llamada así por no llamarla poeta. Incluso, el propio lenguaje reconoce el vocablo poetisa para la mujer, más no poeta. Tarda en aceptar este último para referirse a persona que escribe obras poéticas. 

Hay silencios que se convierten en delito; el silencio ante las injusticias; el silencio que se hace cómplice ante la tortura; el maltrato; la violación de los derechos. Bien decía Miguel de Unamuno que, a veces, el silencio es la peor mentira. El silencio informativo se puede tornar en delito; el silencio de quienes deben hablar y callan. Volvamos a los silencios que ennoblecen; a los silencios del amor; a los silencios de la poesía; al silencio musical. Al silencio de la noche, cercana al amanecer, cuyo nombre, tomado del latín conticinium, se refiere a esa hora cuando predominan la tranquilidad y el silencio; ese silencio inspira al gran Laudelino Mejías para componer el tan conocido vals venezolano “Conticinio”.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:

http://www.elcomercio.com/opinion/opinion-hablando-silencios-expresion.html. 

Noticieros Televisa: Vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz

  • En el siglo XVII en México abundaron los escritores, los poetas y los teólogos pero la figura central fue una poetisa y una intelectual se llama Sor Juana Inés de la Cruz, decía Octavio Paz
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
CIUDAD DE MÉXICO, México, abr. 19, 2014.-Octavio Paz publicó en 1982 Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la Fe con el sello del Fondo de Cultura Económica.

El Premio Nobel de Literatura 1990 narra en su libro que hacia 1930, cuando él empezó a escribir, “la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz había dejado de ser una reliquia histórica” gracias a Amado Nervo y su libro Juana de Asbaje de 1910, a Ermilo Abreu Gómez quien editó Primero sueño, la Carta atenagórica y la Respuesta a sor Filotea de la Cruz y a Xavier Villaurrutia quien editó los Sonetos y las Endechas.

Octavio Paz, por influencia de Jorge Cuesta, leyó en esos años los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz. En 1971, la Universidad de Harvard lo invitó a dar cursos sobre Sor Juana. En 1974 impartió una serie de conferencias sobre Sor Juana Inés de la Cruz en el Colegio Nacional y a partir de esas notas, y de las grabaciones, empezó a escribir en 1975 su libro.

El 26 de junio de 1984, el también Premio Cervantes de Literatura, Octavio Paz, transmitió por Televisa el programa La Persona y la Obra de Sor Juana Inés de la Cruz como parte de la serie de televisión Conversaciones con Octavio Paz.

Aquí algunas de las reflexiones de Octavio Paz sobre la vida y la obra de Sor Juana.

“Los tres siglos que duró el periodo que llamamos, con cierta inexactitud, Colonial, fue una época de tranquilidad, paz y desarrollo”.

“No fueron siglos de cautividad como se ha dicho muchas veces, sino de gestación. En esos siglos se formó un pueblo, una Nación”.

“El segundo siglo, el siglo XVII, quizá al final, es el siglo del medio día, es el momento en que los mexicanos asimilamos, en el campo del arte, el estilo Barroco, y nos apropiamos de ese estilo con singular fortuna. Lo recreamos y le damos características especiales”.

“El Barroco de México es una contribución de la sensibilidad del pueblo Novohispano al arte mundial del siglo XVII.

"Pienso en la arquitectura, en la escultura, sobre todo en la poesía, pero también en la cocina, por que en ese siglo se forma ya de un modo más claro la cocina mexicana”.

“Cuando hablo de cocina, al hablar de cultura, no cometo un disparate. La cocina no sólo es una manera de nutrirse, de alimentarse, sino que es una ciencia y sobre todo, es un arte. Además, la cocina acompaña a los hombres en una de las formas más altas de la civilización: el convivio, el banquete, la cena; y en la cultura nuestra hay dos momentos muy altos que están asociados a la cocina, el Banquete Platónico y La Última Cena de Jesús. Los dos momentos más altos tal vez de nuestra cultura”.

“En el Siglo XVII, en México abundaron los escritores, los poetas y los teólogos. Algunos de ellos fueron notables, pero la figura central, la luminaria, fue una mujer, una poetisa, pero también una intelectual. Esta mujer es una de los poetas más altos de nuestra lengua y en la América de habla española solamente se le puede comparar hasta el siglo XIX con otro gran poeta Rubén  Darío, y en la América de habla inglesa sólo encuentro de nuevo hasta fines del XIX solamente otros dos poetas, un hombre y una mujer, Whitman y Emily Dickinson; esa mujer nació en Nepantla y se llama Sor Juana Inés de la Cruz, Juana Ramírez”.

“Juana Inés nació en el caserío de San Miguel, Nepantla, en las estribaciones del volcán Popocatépetl, en el año de 1648. El 2 de diciembre fue bautizada Inés hija de la Iglesia, que quiere decir, hija natural. Pasó su primera infancia en la vecina hacienda de Panoaya que perteneció a su familia por seis generaciones”.

“Vivió al lado de los virreyes de los dieciséis a los veinte años, tomó los hábitos cuando iba a cumplir veintiún años y profesó en el convento de San Jerónimo”.

“¿Porqué cuando nada en su vida era indicio de una vocación religiosa y la rodeaba la admiración general, abandona la Corte y se encierra en un convento? Toma los hábitos porque según escribió más tarde, para la negación total que tenía al matrimonio era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir, que era de querer vivir sola, de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de estudio, ni rumor de comodidad que impidiese el sosegado silencio de sus libros".

"Sor Juana toma una decisión racional. Su elección no fue resultado de una crisis espiritual, ni de un desengaño sentimental, fue una decisión sensata, consecuente con la moral de la época y con los usos y convicciones de su clase”.

“El convento no era escala hacia Dios, sino refugio de una mujer que estaba sola en el mundo. El claustro conventual es el equivalente de la una biblioteca. Sor Juana estudió sola, no tuvo maestros, sus únicos y mudos confidentes fueron los libros”.

“Las pinturas que hoy conocemos de ella son de Miranda y Cabrera. En el cuadro de Miranda, Sor Juana está de pie, sentada en el de Cabrera, la semejanza comienza por el fondo de los dos cuadros, un paisaje de libros. En los dos retratos, la mano izquierda acaricia las cuentas de un rosario muy grande que hace las veces de un collar, el gesto es más galante que devoto. En el centro un escudo, la virgen guerrera”.

“Ya es hora de hablar un poco de Primero sueño, el gran poema filosófico de Sor Juana. Es un poema muy difícil, por su tema, por su asunto, pero también por su lenguaje y por su arquitectura verbal. Tal vez la mejor descripción de este extraño poema es la del padre Calleja que fue lector inteligente y admirador de Sor Juana. El piensa que el tema de Primero sueño es este:

Siendo de noche me dormí, soñé que de una vez quería comprender todas las cosas de que el universo se compone, no pude ni aún divisas por categorías, ni aún sólo un individuo, desengañado amaneció y desperté”.

“Me parece que en su concisión describe muy bien el tema de primero sueño, el cuerpo duerme, el alma esta despierta, se lanza a los espacios para conocer los secretos del universo”.

“Primero sueño es un delirio, pero es un delirio racional; es un poema no claro, no hay colores radiantes como en Góngora, es un poema en claroscuros, es un poema hecho de oscuridades y sombras rotas por relámpagos repentinos, por claridades súbitas”.

“Su tema también es un tema poco frecuente en la historia de la poesía. Su tema es el conocimiento, mejor dicho, el acto de conocer. Es un tema que no fue usado por los poetas del siglo XVII. Ni Góngora, ni Quevedo, ninguno de los grandes poetas de ese siglo escribió algo semejante, tampoco en la tradición española”.

“Para encontrar algo equivalente a este poema de Sor Juana más bien hay que ir al siglo XX, a la poesía de Valéry, o antes, a la poesía de Mallarmé, es decir, a los grandes poemas filosóficos de la modernidad. El poema de Sor Juana es un poema filosófico profundamente influido por el neoplatonismo, como toda su poesía, en este caso el neoplatonismo hermético”.

“Posiblemente vivió esas ideas en el padre Kircher, un jesuita famoso en su siglo, naturalmente Sor Juana insertó este neoplatonismo hermético en la neoescolástica de su siglo y de su época”.

“Sor Juana se apoyaba en el favor del palacio virreinal para afirmar su posición en el convento y conservar su independencia frente a las otras monjas. Así, tuvo que enfrentarse no sólo a las intrigas y celos de la comunidad, sino más profundamente a la incompatibilidad entre la vida libre y solitaria del escritor y la colectiva y rutinaria del convento. El saber desinteresado de Sor Juana parece blasfemia o locura”.

“La amenaza más grave contra la independencia y seguridad de Sor Juana comenzó el día en que Francisco de Aguiar y Seijas fue nombrado arzobispo de México”.

“Inició una política de austeridad que pocos aplaudieron. Con la misma severidad reprobaba los espectáculos públicos, sobre todo el teatro. No conocía ni la amistad ni la confianza. Siempre se distinguió por su humor lunático y caprichoso, su devoción extrema y sus accesos de irritación”.

“Fue célebre por su horror a las mujeres; daba gracias a Dios por ser corto de vista, pues así no las veía. Eran una amenaza para su salud espiritual”.

“Amigo de Sor Juana fue el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, teólogo y erudito, hábil administrador y político cauteloso”.

El obispado de Puebla era el segundo de la Nueva España, y no pocas veces sus obispos fueron rivales de los arzobispos de México; las rivalidades de los prelados se expresaban en formas encubiertas”.

“En 1690, Santa Cruz publicó la crítica de Sor Juana Inés al famoso sermón del jesuita portugués Antonio de Vieira sobre las finesas de Cristo. Sor Juana escribió esa crítica conocida como la Carta atenagórica, no por voluntad propia, sino para el obispo. Él fue el destinatario de esas carta, el dio la aprobación eclesiástica para que se publicara, él redactó el prólogo y él costeó la edición”.

“La Carta atenagórica fue el único escrito teológico de Sor Juana. El obispo de Puebla no oculta su desacuerdo con el pseudónimo de Sor Filotea de la Cruz, declara en la misiva que precede a la Carta atenagórica”.

“No pretendo que usted mude de genio renunciando a los libros, sino que lo mejore leyendo el de Jesucristo…De Aguiar y Seijas era amigo y admirador de Vieira”.

“La respuesta a Sor Filotea de la Cruz está fechada el primero de marzo de 1691; el nombre de su destinatario era un secreto a voces”.

“Sor Filotea de la Cruz no era sino el obispo de Puebla, el antiguo protector de Sor Juana. La respuesta a Sor Filotea es una autodefensa. ¿Y de que se defiende Sor Juana? se defiende de la acusación que se le ha hecho, un amor inmoderado a las letras humanas, un amor que le ha hecho olvidar sus deberes religiosos”.

“Para defenderse Sor Juana recuerda su niñez y la afición invencible que sintió desde niña por el saber, nos cuenta sus primeros estudios, las clases de latín, sus experiencias con las ciencias; cómo se interesa en la geografía y en la geometría, astronomía, en la física, en el derecho. Cómo lee a los grandes poetas y a las grandes poetisas de la antigüedad”.

“Nos cuenta las aventuras de su alma en la noche del saber, en la búsqueda del conocimiento, una biografía intelectual es algo no menos rico en incidentes y quizá  en enseñanzas que las biografías que nos cuentan las aventuras de los héroes o bien los hechos de los aventureros”.

“Una autobiografía intelectual como la de Sor Juana es un documento único por muchas razones, en primer lugar por su valor psicológico, nos descubre su alma, y en segundo lugar por su valor histórico y esto es esencial”.

“No solamente es una de las primeras autobiografías intelectuales de la cultura moderna, sino que es la primera autobiografía de una mujer; es la primera vez que una mujer nos cuenta su lucha con el conocimiento y es lucha no de una discípula, sino de una autodidacta en la soledad de su celda y en la soledad de sus lecturas”.

“La erudita norteamericana Dorothy Schons ha dicho con razón que Sor Juana es la primer feminista de América, yo añadiría algo más, es aún de las primeras víctimas del feminismo por que no fue únicamente por su saber sino por su sexo por lo que fue perseguida, por prelados orgullosos, celosos de su autoridad, y este destino de Sor Juana nos recuerda a nosotros, hombres del siglo XX, la suerte de tantos intelectuales, de tantos escritores y poetas que han sido perseguidos en todas partes del mundo por burocracias intolerantes, por burocracias seguras de su saber y que odian el saber ajeno”.

“La actitud de Fernández de Santa Cruz reveló una cautela que colindaba con la doblez y la hipocresía”.

“No contestó la carta de su protegida ni sabemos cuál haya sido su reacción al recibirla”.

“Era preferible abandonar a la monja que prolongar y envenenar una disputa no sólo con el arzobispo de México y sus amigos, sino con muchos jesuitas”.

RAMG



Por: Noticieros Televisa Fuente: Noticieros Televisa 19. Abr. 2014 Vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz: Octavio Paz

Fuente: http://noticieros.televisa.com/mexico/1404/vida-obra-sor-juana-ines-cruz-octavio-paz/

La Jornada: Dos retratos de Sor Juana

Teresa del Conde
H
oy día podemos examinar sin trámite alguno en el Palacio de Bellas Artes (segundo piso) el retrato de Sor Juana, por Juan de Miranda, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, Rectoría) y contrastarlo con el de Miguel Cabrera, que es posterior.
La leyenda que ostenta el retrato de Juan de Miranda, llamado copia (es decir copia de la modelo según esa leyenda) termina con requiem, por tanto, un retrato póstumo y debido al uso moderno de la palabra copia no queda claro si es réplica basada en un supuesto autorretrato de ella, en cuyo caso a sus innumerales dotes hubiera añadido pericia pictórica.
Hay otro retrato, que está en el Museo de Filadelfia, que no se ha exhibido en México. Según los especialistas, tampoco éste es de mano de Sor Juana.
Uno más, perdido, fue litografiado por Lucas de Valdés, pero tampoco se sabe si el original fue realizado por Sor Juana. Octavio Paz fue un consumado ensayista, además de un lector insaciable, pero no fue propiamente hablando un investigador que persiguiera con tenacidad obsesiva un tema en lo particular. El más reciente ensayo sobre los retratos, gracias a la pluma de José Pascual Buxó, puede acarrear mayores luces.
Yo supondría que Paz sí vio el retrato de Sor Juana por Juan de Miranda, no con demasiada atención o bien lo hizo de manera apresurada. En su libro Sor Juana y las trampas de la fe se entretuvo demasiado en una larga diatriba que entabló con nuestro venerado Francisco de la Maza.
Hay más retratos que se han perdido o que no han sido localizados, alguno o algunos fueron regalados por Sor Juana a la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes, y la constancia que existe la proporciona ella misma.
La confusión sobre sus posibles prácticas pictóricas en buena parte se debe a que en su caso la palabra copiase usaba tanto en el sentido actual de imitación (reproducción de otra pintura), como de retrato (copia del modelo de carne y hueso).
Dada la enjundia de la modelo, el retrato que pertenece a la UNAM llega a tener carácter de reliquia, pero desde mi punto de vista como pintura retratística sea novohispana o de cualquier latitud en el siglo XVII, no es excelente.
Todos los retratos de Sor Juana derivan de una fuente común y por lo menos estamos ciertos de que el rostro se corresponde con el de la poeta, ya sea que el de Miranda sea o no copia del de Filadelfia, de otro que se ha perdido o de alguna obra desconocida para la que Sor Juana sí posó directamente.
El rostro plasmado tanto por De Miranda, como Cabrera, no es un esquema ni una idealización, parece realmente fidedigno a partir de una fisonomía posada, pues todas las fisonomías conocidas coinciden.
El de Miranda es muy plano y la figura de la monja, desde el aspecto visual común, parece apeada en una especie de pedestal que mediría aproximadamente más de un metro de altura.
Ese pedestal corresponde no sólo a la amplitud de un miriñaque, sino a un cono truncado sobre el que está parada la modelo, cuya cabeza cabe más de nueve veces en relación con la altura de la figura. No es necesario hacer la medición, basta ver la longitud desde la cintura hasta el borde azulado en que termina el hábito. La cosa es que tal alargamiento no es una derivación manierista, como sucede con las figuras del Parmigianino, sino un medio de conferir etiqueta. Aparte la inclinación del libro al que apunta su dedo índice está invertido, eso se debe a que el libro debe someterse al texto que contiene, o sea el soneto de la esperanza “verde embeleso de la vida humana…” Estos son detalles interesantes de observar en dicha pintura, sin menoscabo de su disfrute, sino al contrario.
El retrato de Cabrera, proveniente del Museo Nacional de Historia, es mayormente pictoricista y, aunque de carácter oficial, es de mejor pincel, baste detectar la configuración de las manos. Igual ignoro si Octavio Paz lo vio o no, porque él anota que “los ojos no nos miran…” y es contundente no sólo que hacen contacto de ojo con el espectador, sino que siguen la propia vista, el iris mirándonos un poco de reojo, como sucede con la fisonomía realizada por Miranda.
Los ojos del pincel de Cabrera son ligeramente exoftálmicos (párpados marcados, globo ocular pronunciado hacia afuera). Actualmente uno puede dialogar con estos dos homenajes, y como anota Octavio Paz, visualmente al menos, nos queda idea fija de semblanza y empaque. En el cuadro de Cabrera ella está sentada, pero si imaginariamente la paramos, resultaría casi una giganta, cosa que puede deberse a los siguientes factores: a) es una deferencia hacia al cuadro de Juan de Miranda, b) obedece a la misma licencia poética que la etiqueta determina, c) es resultado de impericia proporcional anatómica. En la misma sala de exhibición hay dos castas de Cabrera que son excelentes muestras de su quehacer pictórico. Eso me lleva a plantearme una pregunta: ¿su retrato de Sor Juana pudiera ser obra de taller que él retocó?

Fecha: Martes 9 de diciembre de 2014 
Fuente:

3 de diciembre de 2014

REVISTA REPLICANTE: LOS INDECIBLES PECADOS DE SOR JUANA


LOS INDECIBLES PECADOS DE SOR JUANA

Entrevista a Kyra Galván

La ficción habita estas páginas para ofrecernos al menos una entre mil posibilidades en las que se muestra la realidad, dice el autor de esta entrevista a Kyra Galván, poeta y escritora, que en su primera novela escribe sobre una sor Juana desconocida, insólita y siempre sorprendente.


—¿Por qué sor Juana Inés de la Cruz? ¿Qué incentivo agarró por los pelos a la decisión para que comenzaras con esta travesía histórica?
—Primero porque sor Juana está vigente, y segundo porque había estado metida en mi piel desde hace muchos años; porque era poeta y porque era feminista.
—En el prólogo haces clara [para las cuestiones] la circunstancia conveniente que anticipa a los acontecimientos que están por ocurrir. ¿Cuál es el proceso en la escritura una vez que consigues el esquema de la historia?
—Es un proceso que va surgiendo y que no lo puedes prever hasta cierto punto. Ya tienes tu idea central, pero como decía Norman Mailer que cuando empezaba una obra nunca sabía cómo iba a terminar, y creo que algo hay de eso. Es increíble porque hay momentos en que te tienes que parar a pensar, y a veces te van surgiendo cosas que no habías planeado, pero que cuando curiosamente empiezan a embonar como si fuera un rompecabezas, sabes que vas por buen camino.
—Dijiste en una entrevista que retomaste el tema a partir de una composición dramática.
Yo no te diría un descubrimiento. Para mí fue un viaje en todos sentidos. Desde el punto de vista de la investigación y luego la aventura en sí de escribirlo, de cómo van cobrando vida los personajes, de reflexión y hasta de espiritualidad.
—Así es. Yo ya tenía escrita una obra sobre sor Juana, era básicamente sobre el punto dos años antes de su muerte, cuando ella se empieza a cuestionar y cuando la Iglesia la empieza a presionar, pero cuando la releí me di cuenta de que no era cuestión de arreglarla sino que yo tenía ganas de escribir algo mucho más profundo y mucho más extenso y que sólo a través del medio de la novela podría lograrlo.
—¿Tuviste algún inconveniente al hacer esta transición tan drástica de una obra dramática a una novela?
—Lo único que te puedo decir es que no fue fácil porque la parte técnica fue quizás la parte más difícil para superar, la parte estructural, que es mucho más complicado que un cuento. Tienes muchos más hilos que ir retomando y abriendo y tejiendo.
—¿En qué momento necesitaste de la ficción para escribir Los indecibles pecados de Sor Juana?
—Creo que en todo momento, porque independientemente de que esté basada en cosas que sí sabemos, en testimonios o en referencias, para que la historia echara a volar tenía que haber ficción.
Convención: Como no existe partición en los manuscritos, Laura los clasifica [escritos en castellano del siglo XVII] con números ordinarios consecutivos que irá transcribiéndolos al castellano moderno. Así nosotros digerimos la trama fácilmente.
—¿Tuviste que recurrir a fuentes bibliográficas difíciles de encontrar?
—No. Realmente creo que lo que existe y lo que sabemos que existe casi todo lo puedes conseguir a través de bibliotecas virtuales.
—¿Cuánto tiempo investigaste acerca de Sor Juana?
—En realidad ya tenía años de leer sobre ella.
—Hablas mucho en el transcurso de tu novela sobre el descubrimiento de estos manuscritos y los pones a veces entre líneas ¿Concibes a tu novela como un descubrimiento?
—Yo no te diría un descubrimiento. Para mí fue un viaje en todos sentidos. Desde el punto de vista de la investigación y luego la aventura en sí de escribirlo, de cómo van cobrando vida los personajes, de reflexión y hasta de espiritualidad.
—¿Una purificación?
—Más que purificación un descubrimiento, como tú me dijiste.
—Es evidente que Laura es tu alter ego, aunque por instantes te permites entrar a la novela para hacer aclaraciones. ¿Por qué verte en medio de una persecución en la que pones en riego tu existencia?
—A lo mejor una cuarta parte… Porque de otra forma todo habría sido demasiado plácido, pero la idea era lo contrario, que se encontrara con obstáculos.
—¿Es acaso Laura una heroína que defiende un hecho trascendental al que probablemente en México a nadie le importe? ¿Estamos hablando de su existencia misma?
—Yo no la catalogaría como una heroína pero sí como un ejemplo de mujer del siglo XX o XXI.
—Laura desea mandar un informe a México acerca de sus hallazgos, pero en México el proceso de las circunstancias es algo espontáneo. ¿Cómo ha sido el trato por parte de los medios de comunicación hacia tu novela?
—Me ha sorprendido que haya sido tan abierto porque yo al principio pensé que me iban a “levantar la ceja”, pero todo lo contrario; a la gente le gustó encontrar una nueva perspectiva de esta historia.
—Trasladando la ficción a la realidad, haces en una parte de la novela una crítica con respecto a la poca atención que se muestra a los descubrimientos por parte de los medios de comunicación. ¿Qué implica eso a tu proceso de creación?
—Pues me da la impresión —y me sigue quedando esa impresión— de que en realidad aquí no existe una crítica como tal; todo es demasiado banal; todo por encimita y lo que importa es saber a quién le van a dar el premio o quién va a salir en la foto, como dicen los políticos, y en realidad no hay un interés genuino muchas veces por el valor intrínseco de la literatura y en otras áreas.
—¿Qué hacer para no restarle méritos a tu creación literaria?
Mira, de algún modo yo quise hacer un paralelismo sobre todo con el tema de la maternidad entre las mujeres del siglo XVII y las limitadísimas oportunidades que tenían, y las mujeres del siglo XXI que finalmente cuando se enfrentan a un hecho como la maternidad no hay grandes diferencias.
—Eso no está en mis manos, está en manos de los lectores… A mí me sorprendió que de todas las gentes que me hicieron comentarios sólo una periodista de la UNAM, que se dedica a poesía, me hizo un comentario sobre la prosa. Me dijo que era una prosa poética… La mayoría de la gente se centró en la historia sin ningún otro comentario sobre crítica literaria. Eso me sorprendió, digo me sorprendió y al mismo tiempo no me sorprendió, como que es de esperarse.
—Hablando un poco acerca de Sor Juana, a quien le quitaste lo mítico para desnudarla como una mujer que no siendo deidad logró hacer cosas geniales; hiciste lo mismo con Laura en escenas cotidianas que la muestran como una mujer que no tiene nada de hechicera, pero que sí tiene la misma oportunidad que sor Juana para hacer cosas geniales. ¿Qué encontrarán entonces los lectores en esta novela?
—Mira, de algún modo yo quise hacer un paralelismo sobre todo con el tema de la maternidad entre las mujeres del siglo XVII y las limitadísimas oportunidades que tenían, y las mujeres del siglo XXI que finalmente cuando se enfrentan a un hecho como la maternidad no hay grandes diferencias; en otras áreas a lo mejor se ha avanzado y ha habido cambios, pero en los cambios humanos, esenciales, sigue siendo casi lo mismo.
—¿Valió la pena escribir Los indecibles pecados de Sor Juana? ¿Por qué?
—Sí. Valió toda la pena; porque fue un viaje personal que no lo cambiaría por nada, y porque cuando menos hasta la retroalimentación que tengo por varios lectores ha movido cosas, ha hecho reflexionar. Creo que eso valió la pena

FUENTE: http://revistareplicante.com/los-indecibles-pecados-de-sor-juana/

2 de diciembre de 2014

Poblanerías: Sor Juana Inés de la Cruz, gran exponente del Siglo de Oro


Fuente: http://www.poblanerias.com/2014/11/sor-juana-ines-de-la-cruz-gran-exponente-del-siglo-de-oro/

19 de julio de 2014

Descarga de textos relevantes acerca de Sor Juana

- 15 páginas -

12 de julio de 2014

Poniatowska: De Sor Juana a Benita Galeana

Elena Poniatowska, escritora.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (apro).- La novelista y periodista Elena Poniatowska acaba de ser galardonada con el Premio Cervantes, que el Ministerio de Cultura de España entregará en marzo próximo en la Universidad de Alcalá de Henares, cuna del autor de El Quijote.
Es la tercera mujer y la primera mexicana que obtiene la presea desde su institución, en 1976.
La escritora fue entrevistada por la revista Proceso el 1 de mayo de 1995, y el tema fue sobre las mujeres más destacadas de la cultura mexicana.
Enseguida la nota publicada por el semanario en aquella ocasión:
La mujer está presente en todos sus libros, de una u otra manera. En algunos es el personaje central, como en Hasta no verte Jesús mío y en Querido Diego: te abraza Quiela. Escribió una larga biografía novelada sobre Tina Modotti y acaba de reunir, en Luz y luna, las lunitas, con fotografías de Graciela Iturbide, una serie de textos que hablan de seres marginados, sea vendedores ambulantes, sirvientas, mujeres de Juchitán o su Jesusa Palancares, de quien afirma ahora que estaban en ella “todos los filósofos griegos”.
Elena Poniatowska recibió la semana pasada el doctorado Honoris causa por la Florida Atlantic University de Miami, Estados Unidos, y es una mujer presente en la vida de las mujeres de México.
Ahora, en su casa de Chimalistac, a una cuadra de donde Federico Gamboa escribiera Santa, acepta platicar con Proceso, tanto sobre la marginación femenina como de las mujeres de este país que han luchado contra ella.
De Sor Juana, quien acaba de cumplir 300 años de fallecida, a las soldaderas de la revolución, y de ahí a Elena Garro y a Rosario Castellanos, y a las costureras del terremoto, hasta llegar a Rosario Ibarra de Piedra y a Benita Galeana, que acaba de morir, analfabeta que guerreó en el Partido Comunista toda su vida y a la que varias veces entrevistó, Elena Poniatowska, en una banca del pequeño jardín frontal de “La casa de Paula” –según reza un medallón de cerámica a la entrada, en alusión a su hija–, habla largamente mientras la periodista Sylvia Lemus y su equipo fotografían el interior para Canal 22.
“Rosario Castellanos era una mujer llena de gracia”, dice emocionada.
Y de sí misma, señala que su lucha no es peligrosa, que ella apenas se solidariza con la lucha de esas mujeres. Esas mujeres, afirma, de las que siempre va a escribir, mientras revela que están por publicarse las memorias de su madre, Paula Amor, quien las escribió a petición suya. Elena Poniatowska las tradujo.
También habla de los hombres que la han apoyado en su profesión, y de otro, éste luchador social, el subcomandante Marcos, dice que “es una figura moral” en la que muchos jóvenes creen, porque “los jóvenes tienen que creer en algo, en alguien”.
Antes, un acuerdo: las fotografías de Elena Poniatowska las tomará su hija Paula, de 25 años, fotógrafa.

En la casa de Paula y Elena
–Además de estas mujeres marginadas, de las cuales tú has tomado testimonio, ¿no sería también bueno hablar de las otras, de las que han luchado, un poco como tú, en contra de la marginación? ¿Por qué te interesó esta gente?
–Yo siempre he pensado que sin las mujeres este país se vendría abajo, se caería en pedazos. Porque son las mujeres las que crían a los hijos, las que nos levantan de la tierra, a las que los hombres siempre… bueno, no voy a generalizar, pero la mayoría de los hombres sí son de pisa y corre. Como dicen, fincan un escuincle y se van y le fincan un escuincle a otra. Y la mujer no sólo tiene al hijo (tendríamos que ver ahora los índices de nacimiento y todo eso), sino que deveras lo saca adelante, dentro de las peores condiciones de vida. Claro que después se podrán utilizar todos esos clichés como “la mujer que se sacrifica todita para los hijos”, pero esos son ya de las películas mexicanas. Porque las mujeres, deveras, lo están haciendo con una enorme alegría… bueno, alegría es un decir, pero su impulso vital es tan fuerte que ellas siguen adelante a como dé lugar.
–¿De dónde viene esa fuerza?
–Yo siento que las mujeres mexicanas son absolutamente fuera de serie. Claro, nos referimos a las mujeres marginadas, a las taquilleras del Metro, las mujeres de una fábrica, las mujeres que son las Jesusa Palancares que hay en este país y que no merecen el gobierno que tienen, que son tan superiores al gobierno, que te quedas de a seis.
–Pero el interés tuyo nació del conocimiento de eso, ¿no?
–Bueno, yo no tengo un conocimiento así que tú digas “ay, qué bárbara, qué amplio”. Hay muchísima más gente que sabe mucho más y que ha estudiado a las mujeres muy profundamente.
–Pero lo tuyo, ¿parte de una sensibilidad?
–Sí, de una inclinación natural hacia las mujeres, yo la tengo. Le tengo una enorme simpatía a las mujeres. Siempre cuando oía que las mujeres entre sí no se quieren y se traicionan y que se quitan a los hombres, era una cosa que en mi cabeza no cabía, ¿no? A mí la verdad me gustan las mujeres, me parecen seres muy creativos, que dicen cosas muy ocurrentes, que dicen cosas muy aventadas, a veces mucho más que muchos hombres, y por eso estoy en la admiración delante de ellas.
–Y dentro de estas mujeres están otras que han luchado contra la marginalidad. Ahí podríamos hacer una lista.
–Pues podríamos hacer una lista. Podríamos empezar desde Sor Juana. Pero Sor Juana es un fenómeno absolutamente aislado, y Sor Juana, como dicen, es un fuego que arde aparte. Tú pones a Sor Juana y luego pones a todo el mundo. Pones después a quien tú quieras, no sé, a Benita Galeana, pero Sor Juana se lleva de calle a todas, hombres y mujeres. Y en el mundo.
–¿Ella sufrió la marginación?
–Bueno, ella sufrió tener que encerrarse en un convento para poder hacer lo que ella quería, que era leer, que era estudiar, ¿no? Pues a ella no le quedaba en esa época sino el convento o el matrimonio, y ella escogió el convento. El convento o quizá podríamos decir la Corte, no sé.
–Pero escogió o como ella dice: “No tengo vocación para el matrimonio”.
–Bueno, yo creo que tampoco tenía vocación para el convento. No creo que Sor Juana haya sido una religiosa ejemplar, porque nosotros vemos sus versos. Bueno, no hay que decir sus versos: hay que decir sus silvas, sus sonetos, sus redondillas, sus papelillos, como ella llamó al “Primero sueño”. Ella dijo que era un papelillo, sólo un papelillo. Además ella nunca escribió… siempre te dice que escribió a petición, como los periodistas, como tú. Salvo el “Primero sueño”, todo lo escribió como nosotros los periodistas, que nos dicen “vaya usted a hacer esto”. La “Talacha periodística” que dice Vicente Leñero.
–Sin embargo, en los últimos años sí fue obligada a no escribir, ¿no?
–Y además no sólo eso, a regalar sus instrumentos de matemáticas, de geografía y sus cuatro mil volúmenes, a deshacerse de todo lo que ella amaba. Y eso se lo pidió la religión. Muy fuerte, ¿no?

* * *
–¿Tú te has sentido marginada?
–Yo me he sentido… mira, tienes que partir de una cosa, es que… es que es muy difícil contestar una pregunta así. Yo cuando me inicié en el periodismo, que fue en 1953, hace quién sabe cuántos años –a ver cuántos, ¿treinta y uno?, ¿cuarenta y uno?–, pues en primer lugar mi familia lo vio de la patada, pero no sólo eso: que una mujer hiciera algo y que no fuera a casarse, era también horrible. Necesitaba estar loca. Yo tenía de jefe en Novedades a un periodista que se llamaba Héctor Alpuche. Y cada vez que yo le llevaba mi artículo me miraba así como si se fuera a acercar la loca que había salido del manicomio, y entonces yo una vez me atreví y le dije –porque yo era muy respetuosa con mis jefes y mis mayores–: “oiga, ¿usted cree que yo estoy loca, verdad?”. Y me dijo: “sí, tan bonita, debería estar en su casa, debería de casarse ya ahorita, tener sus hijitos, usted no debería de estar haciendo esto, yo no entiendo cómo su familia la deja”. “No, pues si no me deja, yo lo hago porque yo lo quiero hacer, porque hay algo dentro de mí, algo maravilloso que me hace querer hacer esto que yo creo que es mi vocación”. Ay, no, eso a él le parecía una locura. Igualito como si yo hubiera sido, pues no sé, en la actualidad sería Gloria Trevi.
–Pero sí es una forma de marginalidad, ¿no?, pensar que…
–Bueno, es una forma más bien de condena, de que sientes siempre que sobre de ti pesa una condena. Ahora, claro, a esa condena hay enormes compensaciones, porque yo nunca me hubiera podido acercar a Octavio Paz, a Alfonso Reyes, a Luis Buñuel, a Carlos Pellicer, a Carlos Fuentes, jamás, si no soy periodista. Entonces qué me importaba lo demás si yo podía tener el privilegio de oírlos, de estar con ellos, y en muchas ocasiones, como en el caso de Luis Buñuel, volverme amiga, hasta que se murió.

* * *
–O sea que de alguna manera pudiste vencer esa forma de relación con el medio.
–Sí, claro. Por ejemplo, si tú me dices lo que me dio Jesusa Palancares, lo que ella me dio es mucho más importante que lo que me pueda haber dado cualquier persona. Eso puede sonar como arbitrario, como sectario, o como fanático, pero deveras: nunca nadie me ha dado tanto en la vida como Jesusa Palancares. Bueno, salvo por ejemplo mi hijo Mane, pero es otra relación. Pero la Jesusa, ¡híjole!, todo lo que me dio, todo lo que me dio.
–Eso tiene que ver con una manera de ser, de sentir. ¿Te dio fortaleza?
–Pues eso tenía que ver con su manera de enfrentar al mundo, su actitud ante la vida, ahí estaban todos los filósofos griegos, ahí estaba Platón, me dio fortaleza y además era una confrontación con lo que es la verdad. Bueno, una verdad que por lo menos a mí me conmovía mucho.
–Pero hay personas que no se asombran ante la manera de ser de esta gente.
–Para mí es asombroso que alguien no lo valore, a mí me sorprende.
–¿Y has tenido discusiones sobre este tema?
–No, ya no, allá ellos. Como dicen, que cada quien con su pan se lo coma. Que la gente crea lo que quiera, haga lo que quiera, diga lo que quiera.
–Volvemos a la lista de esta gente que ha luchado socialmente, en contra de la marginación, de las adelitas a la comandante Ramona. ¿Qué relación has tenido con ellas?
–Bueno, yo no conocí a la comandante Ramona, no, lástima, nunca la he visto. Pero sí creo que sin las mujeres, además, la revolución no se lleva a cabo, se deshace, porque las famosas soldaderas, que las trataban tan mal y llamaban “galletas de capitán”, pues iban de avanzada, preparaban la comida, les hacían calor de hogar a los soldados, les lavaban su ropa, tenían sus hijos, cuando ellos morían recogían su máuser (antes se lo habían cargado, porque andaban galopando al lado de ellos con su máuser y luego empezaban ellas a disparar, a muchas las hicieron capitanas). Entonces, sin las soldaderas tampoco hay revolución mexicana, porque todos los soldados se hubieran desertado, de-ser-ta-do, no habría nada.
–En la guerra de Chiapas también hay mujeres.
–La que te debería de decir cosas, porque ella estuvo mucho con las mujeres allá, en Chiapas, es Paula, y dice cosas bien bonitas. Además ella le tomó una foto maravillosa a una mujer que encima de su pasamontañas tiene un moño. Se hizo amiga de ellas. Además que hablen los jóvenes, ellos son los que interesan, no nosotros.
–Y esta fuerza de la mujer, cuando se junta con la marginación y la pobreza, y además con el ser indígena, dan mujeres como Rigoberta Menchú, como aquella mujer boliviana que vino al Congreso Internacional de la Mujer, Domitila.
–Sí, y tuvo una confrontación con la jefa de la delegación mexicana, que le dice “no Domitila, mira, vamos a hablar ahora de nosotras como mujeres, ya no queremos oír de las matanzas de su pueblo, de lo que ustedes han sufrido”. Y Domotila le dice “muy bien señora, mire usted, yo tengo varios días de verla a usted que llega aquí con su chofer, y la deja aquí en la puerta, veo que todos los días llega con una ropa chiquita y con un peinado como si usted hubiera pasado al salón de belleza y sin embargo no, y creo que usted ha vivido en una casa, en un barrio muy elegante, sin embargo nosotras las mujeres de los mineros, ¿de qué quiere usted que hablemos, señora? ¿Qué hay ahorita en común entre usted y yo, de qué vamos a hablar, de qué igualdad vamos a hablar?”. A mí siempre me ha conmovido la Domitila. Además nosotros vivimos en México y en América Latina una sociedad totalmente jerarquizada, en que las necesidades de unas mujeres son totalmente distintas a las de las otras. Una campesina qué va a tener la misma necesidad que una señora que vive en Las Lomas, y además por lo general acaba siendo la criada o la sirvienta de la señora que vive en Las Lomas.
–Ahora, este sistema neoliberal, parece que obliga a la gente muy marginal a adaptarse a un mundo que no tiene nada que ver con su cultura, sus raíces, como puede ser el mundo indígena. ¿Qué tiene que hacerse en México para defender ese mundo tan poco protegido?
–Esto se ve aquí, ve a caminar aquí en la calle, en Miguel Ángel de Quevedo, te da coraje, dices: cómo es posible que la gente no tenga absolutamente nada, y ese es un problema social que ya nos acostumbramos a él. Tú y yo ya nos acostumbramos a ver a los niños pasar entre los coches con sus chicles, pero una señora cubana una vez que le hice unas críticas acerca del régimen de Castro, en lo que se había vuelto la revolución, me dijo: “sí Elena, pero si tú vas a Cuba nunca verás lo que yo veo en México desde la primera noche en que aterriza el avión, que veo a niños en las calles pidiendo limosna, madres con niños de pecho pidiendo limosma”.
–Eliseo Diego decía que el único lugar donde podía dormir tranquilo era en Cuba, porque sabía que ningún niño se estaba muriendo de hambre.
–Bueno, hay un testimonio todavía más bello de la esposa de Alejo Carpentier, Lilia, que dijo que ella en Cuba en la noche se sentía bien al dormir porque sentía que todos habían comido lo mismo. Pero ahora no es igual, porque los que tienen acceso a las tiendas de los diplomáticos comen mejor, lo cual es otra vez volver a caer en la desigualdad.

* * *
–Elenita, tú siempre has estado en posiciones cercanas a la izquierda.
–Francamente de izquierda.
–¿Cómo te mueves en el medio cultural donde la intelectualidad se ha dividido tanto en el caso Chiapas, con esta postura tuya? ¿No recibes críticas, no te peleas?
–Sí, claro que sí recibo críticas, me siento muy rechazada muchas veces, muy condenada, a veces muy vapuleada, pero desde luego mucho menos siempre que la gente que de veras está luchando. Yo lo único que hago, si quieres, es solidarizarme, pero yo no lucho, yo no estoy en la selva comiendo víboras y teniendo enfermedades del estómago. Yo estoy aquí muy tranquila.
–Conociste a Benita Galeana, ¿cómo era ella?
–Era muy brava, guapa, alta, que no sabía leer ni escribir. Bueno, yo la vi hace poco y escribía en máquina ya, pero con muchas dificultades. Para escribir le ayudó primero Juan de la Cabada, que era un tipazo, y luego el que fue deveras bueno con ella como un pan, y además tiene una crónica maravillosa sobre los ferrocarriles, es este periodista Mario Gil, a quien no se le ha hecho justicia, un gran cronista, y no sabes hasta que murió cómo la ayudó. Un tío mío, que se llamaba el Conejo, bueno así le decían en el “Ambassadeurs”, Paquito Iturbe Escandón, un señor excéntrico que le ayudó mucho a Orozco comprándole pinturas y le ayudó a pintar murales a Rodríguez Lozano, bueno, un gran promotor de arte en este país… pues ese Paquito la ayudó a la Benita Galeana y la invitaba a cenar al “Ambassadeurs” y le decía “no, tú vente con tu trenza, tú con tu trenza”, y la sacaba y la llevaba para arriba, para abajo. Y yo por una de las razones que me acerqué a Benita fue por el tío Paquito.
“Otra mujer formidable a la que nunca se le hizo nada de reconocimiento fue Concha Michel, amiga de Lupe Marín, y lo que hizo Vicente T. Mendoza con el folclor mexicano, ella recogió todos los corridos populares, las canciones antiguas, las apuntó todas, y las cantaba en todas partes, recorrió la república mexicana con su guitarra. Fue mujer de Hernán Laborde, del Partido Comunista. Y era una tipaza que tampoco le han hecho nada de justicia.
“Y había otra, Aurora… ay, cómo se llama, luego te doy el nombre, aparece en mi libro de Tina Modotti… la mujer de Héctor Godoy, muralista, y era una mujer a todo dar. Pero ahora hay un gran rescate de las mujeres”.
–Conocemos tu apoyo para el libro de Adriana Malvido sobre Nahui Ollin. Fabienne Bradu ha hecho la vida de Antonieta y acaba de sacar Damas de Corazón, con biografías sobre Machila Armida, Consuelo Sunsin, María Asúnsolo, Ninfa Santos y Guadalupe Marín, etc. Pero son mujeres que brillaron en los veinte, los treinta. Pero si venimos un poco más acá, supongo que trataste a Rosario Castellanos.
–Uy, sí. Pero fíjate que yo la amé muchisísimo, me pareció una maravilla de mujer. Era de las gentes que te hacen ilusión, que sabes que la vas a ver y te llenas de ilusión. Pero yo no fui por ejemplo su gran amiga así como Dolores Castro, simplemente fui una gente que la quise mucho y admiré mucho su eficacia. Ella escribió para La noche de Tlatelolco ese poema que se llama “Memorial de Tlatelolco”, y me dijo: “te lo tengo dentro de ocho días”. Y de repente a los ocho días me habló: “Elena, por qué no vienes por el poema, ya está listo”. Era una mujer que lo que decía lo hacía. Y yo la quise mucho porque era la gracia personificada. Era una mujer llena de gracia.
–También era una mujer muy graciosa, en otro sentido, muy mágica, Elena Garro. A ella la traté más que a Rosario, pero con Rosario Castellanos se me derrite el corazón. Era su fragilidad, su ternura, su sentido del humor”.
–Elenita Garro, mujer de imaginación, juguetona, ¿no?
–Sí, y además tenía las piernas tan bonitas como las de Marlene Dietrich, no sabes qué piernas tenía. Han de decir que en qué me fijo, ¿verdad?
–Pero de estas mujeres que has tratado en tu vida, luchadoras, a quién has querido más.
–Me la pones difícil. El amor por la Jesusa Palancares fue tan violento que me achicharró. Pero hay otras que he amado mucho, pero que no son conocidas ni reconocidas. Una mujer que a mí me encanta es Evangelina Corona, la del terremoto.
–La de las costureras. ¿Cómo te acercaste a ella?
–Yo me fui a San Antonio Abad. Me fui allí nada más, luego del terremoto, así se dio la relación. Como periodista. Ser periodista es una maldición, pero también una bendición. Es una mujer formidable. ¿Y sabes a otra mujer que yo quise mucho? A la mamá de Carlos Monsiváis. La traté y ella le dejó de herencia a Monsiváis quererme, porque el Monsiváis, por él, no me quisiera nada. El no quiere nada a las mujeres, le interesan un poquito.
–Pero a ti te quiere.
–Pero porque su mamá lo obligó, de veras, te lo juro.
–Y tú como mujer que tiene una vocación y una lucha también, en tu relación con los hombres, profesionalmente, ¿te han ayudado, te han marginado?
–Mira, por ejemplo Juan Rulfo, cuando salió la edición de Ficción que dirigía Sergio Pitol en la Universidad Veracruzana, de Lilus-Kikus, él hizo la contraportada. Siempre me apoyó mucho en general. Octavio Paz hizo el prólogo de La noche de Tlatelolco que se tradujo como Masacre en México. Me hizo leer a Sigüenza y Góngora, lo leí rápidamente, es de la época de Sor Juana, me maravilló. Otra gente que siempre he sentido su cariño y su apoyo es Héctor Aguilar Camín, es algo que percibes por intuición: jamás lo veo pero lo percibo. Es una actitud de él, y también hacia Ángeles, siento que la apoya muchísimo. Yo percibo porque siempre me pregunta con afecto “en qué estás trabajando”, se interesa. De la gente joven es el que más interés me ha demostrado por mi trabajo.

* * *
–Escribiste un libro sobre una mujer marginal, Angelina Beloff, esa actitud de abandono de Diego Rivera, que hablabas, la del hombre que pasa así por la vida. ¿Piensas escribir algo más sobre mujeres?
–Yo toda la vida voy a escribir acerca de mujeres. ¿Ahora sabes qué cosa hice? Traduje las memorias de mi mamá. Se van a publicar. Yo le pedí que hiciera algo, “cuéntame tu vida”, y entonces me escribió las memorias. Y no sabes, como ella estuvo en la Segunda Guerra Mundial y manejó una ambulancia, pues tiene una vida muy fascinante. Se llama Paula Amor, es prima de Pita Amor. Además no sabes qué linda es, tiene 87 años, es una viejita divina. Pero fue una mujer preciosa. Escribe en francés y yo las traduje todas al español. Nada más tengo que trabajar con ella en aclarar ciertas cosas, luego pone cosas de cierta gente que ya ni pifa, ni existe, entonces hay que quitar. Luego de repente te habla de 1928 y al ratito ya te está hablando de 1980. Le digo “no mami, no puedes hacer esos brincotes”, entonces tengo que poner todo en orden. Pero eso sí lo he hecho con un enorme gusto. Voy retedespacio, porque como siempre hago todo lo que no debo de hacer.
–¿Cómo se van a llamar?
–Fíjate que yo quería ponerle lo de Renato Leduc, “Dar tiempo al tiempo”, pero eso no le gustó mucho. Es retedifícil ponerle título a las memorias, cómo les pones. Cómo les pones. Entonces le tengo que buscar uno. A mí me conmueve mucho este libro pero es de mi mamá, ahora hay que ver si les funciona para los que no es la mamá de muchos lectores.
–¿Sabes de quién no hemos hablado? De otra mujer luchadora, Rosario Ibarra.
–Ah sí, esa es otra mujer que yo quiero muchísimo. La primera vez que la vi fue en la manifestación en contra de que habían nombrado a Díaz Ordaz embajador en España. ¿Te acuerdas de que iban gritando por las calles de México: “Al pueblo, de España, no le manden esa araña?”. Ahí se me acercó Rosario, y me dijo: “yo la quiero ver, yo la quiero ir a buscar”, y la invité a la casa. Recuerdo la expresión en su rostro, y vino a la casa. Y Pagés Llergo me decía: “Qué necesidad de andar buscando a esta señora, probablemente hay gato encerrado. Cuántos artículos vas a escribir de esto”, porque yo trabajaba enSiempre!. Y yo le decía: “pues déjame hacerle unos dos”, y decía: “no, esa señora no da ni para medio artículo”. Así era Pagés. “Y además, no te metas en líos”. Y yo pues hasta la fecha me estoy metiendo en líos y hasta la fecha soy devota de Rosario. Pero ahora la veo muy poco, pues como está trabajando tanto… Ella para que veas sí es de clase media alta de Monterrey, pues su hijo desapareció en un coche Grand Marquis. Ella se pudo quedar encerrada en su casa a chillar. Y lo que hizo fue volverse de un día para otro en una formidable luchadora social, una como no hemos tenido en mucho tiempo. Muchas de las cosas que ella dice a mí me parecen a veces equivocadas en su discurso, pero lo que ella ha hecho consigo misma, la construcción de la Rosario Ibarra que ella se ha vuelto es una maravilla.
“Rosario y yo íbamos a Nueva York a una cosa de desaparecidos políticos, y de repente íbamos caminando por el pasillo ese del aeropuerto y salieron miles a tomarnos muchas fotos, y yo le digo: ‘ay Rosario, mire qué populares somos’, y ella me dice: ‘ay Elenita, no sea usted ingenua, son de la Federal de Seguridad y nos están fichando’. Por eso yo digo que tengo un ángel de la guardia del tamaño del mundo. Lo que pasa es que ella está en el centro de una lucha muy fuerte.
–Y tú, tu lucha. Por ejemplo, con lo de Chiapas tú has dicho tu verdad y has estado a favor de las causas de este conflicto. ¿Qué ha significado para ti?
–Mira, México es muy sorprendente, porque en un país donde la retórica más aterradora es la revolución y siempre te están atestando la revolución desde hace 60 años y todo es la revolución y la revolución, de repente hay una revolución y todo el mundo se enoja, ¿no te has fijado? Y todo el mundo quisiera echar a Marcos cien metros bajo tierra. Ahora, para mí él sí es una figura moral, y yo creo que para muchos jóvenes también. Los jóvenes necesitan creer en alguien, creer en algo, y obviamente Marcos es una figura muy romántica. Yo creo que el diálogo no se da aquí en el Zócalo porque tienen tal terror de que el Zócalo vuele en mil pedazos porque la gente se va tras de Marcos. Bueno, a mí nunca me ha importado como sea Marcos, con capucha o sin capucha, pero ahora ya se sabe que se le pone un nombre y es Rafael Vicente Guillén, hijo de un papá que de tal palo tal astilla, que dices hijo de tigre pintito, igualitos los dos, y entonces ya hay una figura muy concreta en quién centrar toda la situación.
–¿Y cuál es tu lucha más fuerte?
–Mi lucha conmigo misma. Todas las noches. Tu lucha contra quién es contra ti mismo. Es la lucha con la melancolía.
Y no hablamos de Frida.
Fuente: Revista Proceso en línea, véase: http://www.proceso.com.mx/?p=359007

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